sábado, 12 de mayo de 2012

La Inquisición española

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Personal Jesus by Johnny Cash on Grooveshark

Hace mucho que no escribo. Rectifico: Hace mucho que no escribo para éste blog. La verdad que no he parado de escribir en todo éste tiempo; la mayor parte por obligación. Y no veáis como me agota. Escribir por obligación me fatiga muchísimo, pero es algo que tengo que aprender a hacer si aspiro algún día a ser un escritor... sea esto lo que sea.

Pero soy un caballo malo para la doma, y sino que se lo pregunten a mis profesores... y no porque me comportara mal en clase habitualmente, sino por lo indisciplinado que soy para hacer las cosas que no me estimulan. Me costó entrar por la escritura y pese a la cantidad de libros caligrafía que me obligaron a rellenar en mi infancia, cuando algún compañero en la universidad cometía el error de pedirme los apuntes, no podía evitar quedarse boquiabierto, los ojos como platos. El Horror. El Horror guarda múltiples formas. Recuerdo que un compañero decía que mi letra era como la de los reyes de la Edad Media; pues sí, no es mal símil: gótica, picuda, cursiva, salvaje... y cuando trato de escribir "bien" me sale una letra redondita, insegura, como de niño pequeño, tal vez reminiscencia de aquella que trataron de enseñarme de chico... lo que sería un lobo con piel de cordero, vamos.

Como entiendo que esto, que podría ser el sueño de un grafólogo, no os interese demasiado, así que iré ya al grano. Una de las cosas que he escrito últimamente –y con mucho placer –ha sido la editorial para una revista universitaria que otros locos y yo editamos. Tenía que escribirla; tenía una espina que sacar de mi carne y de la de la asociación; un viejo ultraje que vindicar. Dos horas tardé en escribirla y con necesidad de pocas correcciones posteriores, porque la tenía ya muy pensada. Mentalmente tenía mucho más material para escribirla, pero como tenía que ceñirme a un espacio limitado escribí lo que escribí. Para esta versión había pensado en ampliarla, pero al final no lo he hecho, sería hablar más para decir lo mismo. La sección de comentarios puede ser un buen lugar para exponer el resto de argumentos si acaso… o dejo con el texto de la editorial:

“Un número temático dedicado al erotismo”, curiosa forma de terminar el curso académico ¿no es cierto?

Yo no estuve en la reunión donde se decidió –a finales del curso pasado, para que veáis que esto no es algo improvisado –y cuando los compañeros me dijeron que el número XX iba a ser así de especial, pues un poco me eché las manos a la cabeza: “Y yo que quería retirarme tranquilamente y sin sobresaltos” –pensé.
Porque veréis, un número consagrado al sexo y a la sexualidad implica problemas. Un solo texto ya los implica; hace años, un compañero escribió un texto, en el que se rompía algo que aún es un tabú para muchos: la masturbación femenina. Porque en efecto, de eso versaba el texto, de una protagonista femenina que se masturbaba.
¿Sin más? Bueno, pues parece que fue suficiente para levantar la polémica. Al cabo de unos días, recibimos un mail; un mail muy educadamente autoritario; en el que se exponían argumentos tan peregrinos, como que “en una universidad como ésta, de prestigio internacional, con múltiples colaboradores de alto nivel técnico y empresarial” le parecía humillante e inadmisible que se publicara un texto así… Sí, como si en Suecia, EEUU, Irán o China no se follara... La carta terminaba en un derroche de altanería moral, con un “espero que no se produzcan más casos de escándalo”… daban ganas de apostillar un “y si no ¿qué?”. Y no lo digo con ánimo provocador, pero me admira y me revuelve, que haya gente que crea tan absolutamente, que su visión moral es la correcta, como para querer imponérsela a los demás… porque yo no me atrevería a hacerlo ni con mis mejores amigos.
La carta fue naturalmente contestada por el autor del relato; y lo fue tan magníficamente, que siempre me ha dado pena, que sujetas a la confidencialidad que siempre hemos adjudicado a la correspondencia, no pudiesen publicarse ambas. Ésta persona, por lo menos, fue de cara, otras –ellos saben quienes son, porque yo no (ni me importa) –no considerándonos interlocutores dignos, tal vez creyendo que fuera del salón de clase son más ciudadanos que nosotros, fueron a hablar con “instancias superiores”, donde alguien dio la cara por nosotros (Tú sabes quién eres. Gracias).
Ésa fue la ruta mental que seguí, e inmediatamente me sentí avergonzado. Me sentí avergonzado por tener miedo, por estar inquieto sobre las consecuencias que podría acarrearnos publicar un número así. Porque de alguna forma, mi temor os daba la victoria. De modo que he tratado de resarcirme, y aparte de esta editorial, y con cierto pudor, aporto un texto muy íntimo, que habla de mí y de una persona que he amado y amo profundamente, aunque ya no estemos juntos...

Este número está pues dedicado a vosotros, a los que creéis, como decía Jorge de Burgos discutiendo con Guillermo de Baskerville, en esa magnífica biblioteca laberinto que describiera Umberto Eco en El nombre de la Rosa; que Cristo jamás rió. A los que preferís entonar el Dies Irae y el Miserere, en vez del Aleluya. Yo por mi parte prefiero quedarme con el muy pagano Carpe Diem.

Y en realidad, creo que hemos conseguido un número bastante redondo. Hay un poco de todo; habrá cosas que os gusten más y otras que os gusten menos… y que no os gusten nada también habrá algunas… o todas, no sé, pero así es la vida, id acostumbrándoos a ella.
Y como buen cobarde que soy, me despido escondiéndome tras las palabras de alguien más viejo y más sabio que yo; el buen Umberto Eco. Os lo dejo que los gocéis en italiano; podéis encontrar la cita en la Noche del Séptimo Día, es la parte de la réplica final de fray Guillermo al terrible fray Jorge:
“Sí, ti hanno mentito. Il diavolo non è il principe della materia, il diavolo è l’arroganza dello spirito, la fede senza sorriso, la verità che non viene mai presa dal dubbio. Il diavolo è cupo perché sa dove va, e andando va sempre da dove è venuto. Tu sei il diavolo e come il diavolo vivi nelle tenebre(…)”
Compañeros, ¡Un saludo!


Bueno, como material adicional, sí que voy a dejaros la traducción al castellano del pasaje en italiano, obra del traductor Ricardo Pochtar:
Sí, te han mentido. El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va, y siempre va hacia el sitio del que procede. Eres el diablo, y como el diablo vives en las tinieblas (…) 
  Lo de la cita en italiano es porque me pareció mucho más vigorosa la prosa de Umberto Eco... al margen que la sonoridad del italiano a los castellanoparlantes nos pone cachondos, para qué negarlo, jaja


Y sí que nos ha salido un número redondo; de momento está cosechando excelentes críticas. Porque lo más genial, es que pedimos la colaboración del resto de compañeros y se ha hecho en su mayoría de colaboraciones de gente de fuera de la redacción, y ha salido francamente muy variadito, justo lo que buscábamos; hay un texto homoerótico, uno BDSM, dos lésbicos, dos poemas bastante alegóricos, tres o cuatro textos cortitos de deseo, fantasía, humor... y uno extenso heterosexual de un servidor: "Sobresueños", solo que con otro título y firmado con otro pseudónimo. La verdad que ha sido la ocasión de revisarlo, corregir un par de erratas, cambiar algunas comas y la estructura de algunas frases. 
Como quería que fuera algo realmente especial, porque como habréis leído en la editorial, en cierta forma este número es mi despedida de la revista, le encargué a una amiga dibujante que me hiciese dos ilustraciones... y bueno, casi me caigo de culo con el resultado, aquí abajo os pongo una de ellas, juzgadlo vosotros mismos.


Y vais a tener más material adicional; aún a riesgo de alargarme demasiado con esta entrada. Porque para que podáis contextualizar el asunto, os voy a dejar la célebre carta y la réplica.
En ese sentido, debo decir que publico ambas sin permiso de los autores; que lo hago a título individual y sin el conocimiento de la asociación a la que pertenezco y que asumo plenamente la responsabilidad de mis actos en caso de que fuera necesario. Dicho esto, aquí están:

Buenas, les mando este mail debido a una situación que me parece humillante para una universidad como ésta, de prestigio internacional, con múltiples colaboradores de alto nivel técnico y empresarial.
El jueves se publicó el número XX del panfleto XXX, revista que cuenta en su edición con todo tipo de contenidos, de carácter sobre todo cómico además de informativo y de ocio. Pero, sin embargo, en el último número se ha pasado claramente la raya de la moralidad y de la dignidad del ser humano. No sé si saben a qué artículo me refiero, pero creo que esta mas claro que el agua, el....."XXXXXX-XXXX".
Verán, parece que desde la dirección de la revista no se tiene del todo claro lo que es una gaceta universitaria pero desde luego no tomaba a XXX por una revista pornográfica. No hablo del contenido visual, que no es del todo correcto, sino del hecho de utilizar toda una cara en relatar como una mujer vive una fantasía. Creo que toda mujer ,que se precie a si misma y a su cuerpo, que lea esto debería sentirse ofendida. Relatar cómo una mujer se masturba es algo totalmente fuera de contexto en una revista cultural universitaria como puede ser XXX, además de ser algo completamente denigrante para la mujer y para el concepto de sexualidad. En cualquier caso, es un asunto relativo a la intimidad de cada uno del cual no tiene por que hacerse propaganda en un ambiente estudiantil.
Se está exponiendo un tema que no tiene nada que ver con la escuela ni de lejos, que no aporta nada mas que morbo. La mujer es algo mas que un mero objeto de placer como intenta mostrar la sociedad, y parece que en este articulo se trata a la mujer como tal. Hoy en dia se intenta dar una vision de igualdad de la mujer y el hombre, pero sin embargo... ¿que rellenan nuestras marquesinas hoy en dia? ¿son hombres o mujeres los que aparecen semidesnudos en ellas? ¿saben que mas del 40% de las visitas diarias a internet son de contenido pornografico, y la mayoria de todas ellas pornografia femenina? Se trata de un ejemplo claro de machismo, una utilización del cuerpo ajeno única y expresamente para el placer propio.
Me parece que es un articulo que las humilla totalmente, tratándolas como un juguete sexual, he aquí un claro ejemplo de compañerismo ¿no? ¿Tanto que se defiende el tema de la igualdad y así lo tratamos? ¿Es así como respetamos a la mujer? ¿asi se muestran ellas a nuestros ojos? ¿Una mera masa de carne que utilizar? Creo que son preguntas que todos deberíamos plantearnos en algún momento de nuestra vida...
Gracias por la atencion, y espero que no se produzcan mas casos de escandalo para poder seguir disfrutando de una lectura amensa en los descansos de las clases como hasta ahora habias proporcionado.
Fdo: XXXXX
Claro, para cuando terminé de leer el correo éste, yo espumaba de rabia. Estaba en el trabajo y me costó un triunfo acabar la jornada de lo furioso que estaba. Me dio tiempo, eso sí, para tirarle unas líneas al autor lo más educadas que pude y exponerle el caso a mis compañeros. 
Ahí sí que se montó una buena. Todos queríamos contestarle; y mientras hablábamos de hacer un mail conjunto, el autor del relato se adelantó... e hizo muy bien, porque la respuesta fue gloriosa. Porque el texto tenía un autor masculino, aunque firmase con un pseudónimo femenino y la mayor parte de la gente creyese que efectivamente era una chica -gente incluso que le conocía y estaba segura que la autora era su novia... ingenuos. La respuesta fue esta:

Estimado lector, intentaré ser breve, que no es fácil.

Antes de nada quiero aclarar que XXX es una revista cultural y no un panfleto (escrito difamatorio y de crítica política) ni una gaceta pues no se dan noticias de un tema concreto. Por eso mismo, la revista no trata temas universitarios, ni gira únicamente en torno a ellos, ni es puramente informativa, es un lugar de exposición de sentimientos y opiniones de un gran colectivo, en el que le incluyo a usted. En esta revista no hay dirección, nadie manda a nadie y tienen cabida todo tipo de textos. Ha enumerado algunos, pero se le han olvidado los principales: artículos de opinión y relatos, como el que usted critica. Los relatos son cuentos, narraciones ficticias inspiradas por lo general en el mundo real.

Creo que tanto usted como yo vivimos en ese mismo mundo pero es posible que no tengamos la misma moral. Esta indica a las personas lo que es bueno y lo que es malo y para mí tanto como para otros muchos, la escritura de este texto no muestra ninguna maldad, al contrario, relata la experiencia de placer de un ser humano, una buena experiencia. No existe una raya de la “corrección” sino infinitas, tantas como seres humanos en infinitos momentos de sus vidas, así que preferiría que no tratase de imponer la suya. El relato es un escándalo sólo para el que se quiera escandalizar.

Respecto a la dignidad humana, permítame decirle que en ningún momento se ve menoscabada. No tiene nada que ver una cosa con la otra, se puede una mujer masturbar y alguien relatarlo sin que nadie sea visto como indigno. Parece que para usted sí tiene que ver; me da la impresión de que cree que la masturbación es inmoral o al menos lo es escribir sobre ello (me gustaría que me argumentase esto, pues no veo nada malo en ello). Le cito: “Relatar cómo una mujer se masturba es (...) algo completamente denigrante para la mujer y para el concepto de sexualidad”. ¿Cuál es su concepto de sexualidad? No tenemos por qué tener todos el mismo, pero lo quiera o no, la masturbación es parte de la sexualidad y no entiendo cómo puede degradarla. Igual para usted hablar de sexo también es inmoral y espero que no lo sea por ser algo íntimo pues hay cantidad de sentimientos íntimos que pueblan los libros (incluso los religiosos) y que no han sido tachados de inmorales. A mi modo de ver, uno no ha de callarse su sexualidad y nadie ha de querer callarla, siempre y cuando hablemos de seres maduros para hablar de ello. Es íntima para quien quiera hacerla íntima y no lo es para quien no lo quiera, pero en cualquier caso, este es un texto literario ficticio, en el que no se dan nombres.

Volviendo a sus referencias de “denigrante para la mujer”, me parece demagógico criticar el artículo aduciendo machismo o falta de respeto hacia la mujer. En ningún momento se denigra al género femenino relatando un acto de su sexualidad. ¿Sería denigrante si se tratase de un hombre? Le recuerdo que en esta misma revista se publicó un texto similar pero desde el punto de vista de un hombre hace cosa de un año. ¿Lo leyó? ¿Cuáles son las diferencias? En este texto la mujer no es vista como “juguete sexual” ni como una “masa de carne” porque nadie la utiliza sino que es ella misma quien lo hace, es ella la que aprovecha su cuerpo para obtener placer, ella sola. Creo con toda seguridad que el artículo promueve lo opuesto: defiende la Libertad de la mujer, la Libertad a su sexualidad sin necesidad de recurrir al género masculino (el “fuerte”); y muestra Igualdad pues la masturbación femenina es un tema tabú respecto a la masculina, ampliamente comentada y practicada. Además, este texto está escrito desde el punto de vista de una mujer (¿y yo qué soy? ¿Lo sabe?) y su disfrute y no del de un hombre que se limita a mirar. El objetivo de este texto era en parte reivindicar la Igualdad y criticar lo olvidado que está el placer femenino en esta sociedad machista en la que se les trata como objetos (estoy con usted en eso). Le recuerdo que los objetos no sienten y esta mujer sí, esta mujer hace lo que hace porque quiere, porque le gusta.
Realmente me pregunto si ha entendido el texto. Creo que no ha captado su esencia, lo cual me apena pues supone un fracaso personal pero me apena todavía más que diga que he faltado al respeto a las mujeres, porque no lo he hecho.

Por tanto, estimado lector, siento comunicarle que estos “escándalos” se seguirán produciendo siempre y cuando haya alguien dispuesto a escribir sobre algún tema y alguien a dejarse escandalizar por ello (pongamos como tema el sexo). Le pido que no se cierre a visiones estancas de la vida y acepte expresiones públicas de sentimientos y placeres ajenos: no reprima su mente. Le pido también un esfuerzo de argumentación o bien una lectura más profunda para comprender bien un artículo escrito sin maldad, un artículo que precisamente defiende la Libertad (y el derecho) de una mujer a gozar con su cuerpo ella sola, igual que lo hace un hombre.

Gracias por leer y opinar, es lo que más nos llena de satisfacción.

Fdo.: XXXXXXXX, la mano que escribió el artículo.
Mujer u hombre, ¿qué más da?

¿La respuesta es o no es gloriosa? 
Pero lo malo del caso no es que haya gente que piense que la masturbación femenina, o masculina, o... el sexo en general, sea algo malo, no. El autor de la carta de protesta, da de hecho, bastante lástima y su argumentación es digna de la más barata escolástica bajomedieval, fusionada con una dosis letal, de demagogia made in derecha reaccionaria española. 
No, lo terrible es el tono autoritario y lo muy terrible es que se personasen varias personas -profesores -a hablar con la subdirectora de alumnos para que nos "metieran en cintura".
¿Qué os parece a vosotros todo esto?


¡Un saludo!

jueves, 12 de abril de 2012

Lana

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Era un día lluvioso. Un día así como hoy.

Había decidido dejarse puesto el jersey de lana y sentada con las piernas cruzadas sobre el sillón, me miraba entrar del balcón. 

En ese momento no llovía.


-Creo que hace más frío en tu casa que en la calle –dije –voy a dejar abierto.

-Dale –respondió riéndose y añadió -¿Ves en qué condiciones vivo?

-La verdad que así no hay quién se ponga a tono –dije sumándome a la broma.

-Pará, pará, ¿¡Vos querés que me haga cargo de pollas que no se paran!? De eso ni hablar, sos mayorcito, asumí tu responsabilidad –me divierte oírla y verla tomar esa actitud de fingida dignidad. Además así puedo decirle:

-Sobre eso, no creo que hasta la fecha tengas motivo de queja conmigo.

Estaba empezando a decir que no, "que me estaba cargando", hasta que me vio pasarme la mano por el bulto cilíndrico en mi boxers recién estrenados –sí había salido en gayumbos al balcón, ¿Qué pasa? No me había visto nadie y si alguien me vio… pues que se vaya con la fotocopia al Rastro, y ya está –así que me llamó guarro y me tiró el cojín al que estaba abrazada.

-Y eso me lo dice una tía que no lleva bragas ¿no es verdad? –dije arrodillándome ante ella.


Me dejó que la tumbara en el sofá. Separó las piernas y mi cabeza se fue a poblar el espacio que había entre ellas.

La besé lentamente en la cara interna del muslo; allí donde se marcaba el músculo, que acaricié bajando hasta el espeso mechón de vello púbico. Oscuro y sedoso, parecía fundirse con la lana añil de su jersey. Pasé una mano por él, disfrutando de su tacto en la yema de los dedos, y luego la otra, porque con la izquierda bajé entonces por sus labios mayores, perfectamente rasurados. Era tan agradable el contraste.

Ella me miraba hacer, las manos cruzadas sobre el vientre; sin atisbo de la habitual ironía que vestía esos ojillos suyos cuando los desnudaba de las gafas. Lo cierto es que yo me moría por comerle el coño ya, así que no me anduve con maniobras de precalentamiento que nadie estaba pidiendo.

Los labios estaban hinchados y de un color granate oscuro que los hacía más apetecibles que nunca. En la entrada de la vagina que se adivinaba, se había acumulado por la postura, un chaquito blanquecino traslúcido, que al pasar la lengua inundó mi boca. Me gustaba su sabor; nunca –hasta ahora, esa suerte he tenido, aunque supongo que es cuestión de probar más –he comido ninguno que no me gustara, pero he de reconocer que el suyo me sabe especialmente bien.

Con mi lengua y mis labios, me puse a recorrer los suyos lentamente y ya más deprisa, cuando metí en su interior dos dedos de la mano que permanecía por allí ociosa. Suelo siempre dejar los dedos para el final, cuando empieza a cansárseme la lengua, pero lo mejor de las costumbres, es precisamente escapar de ellas. Empecé a hacerlos girar de un lado para el otro, vigorosamente, mientras buscaba con mi boca, mi lengua y mis dientes, su clítoris. Es una sensación rara, embriagante diría casi, el sentir el aroma de su piel, su aroma inundando mis fosas nasales, destilado por el vello que corona su sexo y que acaricia mi nariz y mi labio superior.

Metí mi lengua en su interior mientras la acariciaba. Siempre, tanto como el frenillo me permitía; hay que hacerlo hasta sentir esa punzadita de dolor que te dice que estas traspasando el límite elástico... Desde la primera vez había observado que eso le gustaba particularmente y como eso de romper las reglas no está bien (¿o sí?) ese día no iba a ser una excepción. Disfrutaba viendo la sutil conmoción que este movimiento tan sencillo producía en ella, acompañado de un suave murmullo de placer.

Y a penas me dejó mover la lengua dentro de ella, pues enseguida una mano me arrastro de los pelos hasta su boca; igual, tampoco voy a protestar. Empezó a lamerme la boca, los labios y los pelillos de la barba que los enmarcaban.

-Te gusta tu sabor ¿eh?

-Ajá.

-Guarrilla –susurre, interponiendo entre nuestras bocas los dedos con los había estado acariciándola.

Mientras así nos besábamos, enroscando nuestras lenguas entorno a ellos y luego entre sí, había empezado mi vaivén de caderas entre sus piernas. Su humedad empapaba la suave tela que recubría un bulto imposible de ocultar.

-¿Tenés un forro?

-Siempre. En el bolsillo de mi chupa –respondí, señalando vagamente a donde había dejado caer mi cazadora de cuero cobre – ¿Para qué lo quieres?

-Para que me folles, gilipollas ¿Para qué sino lo iba a querer?

-Quería oírtelo decir –dije riéndome; si es que soy un payasito, lo sé…




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viernes, 23 de marzo de 2012

Manos frías…

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-¡La concha de tu hermana! ¡Qué frías que tenés las manos! No vas a tocarme el coño con esas manos tan heladas…

-Amor, si es que cuando estoy contigo, se me va toda la sangre… al corazón…



No venía a cuento, pero bueno…vamos, que sí, a cuento de que tenía las manos como dos témpanos de hielo. Igualmente me reí.

Estábamos en un pequeño bar de Lavapiés; apenas una barra de zinc, al final de la cuál; la cocina, tras de un marco sin puerta; y tres o cuatro mesitas altas, con sus taburetes alzados sobre zancos también. Nosotros ocupábamos una de esas mesitas. Sobre mí soplaba la galerna (o más) cada vez que se abría la puerta, que tampoco es que cerrase verdaderamente. De ahí lo de las manos frías. Puede.

Delante nuestro un par de copas de vino de la casa. Íbamos ya por la tercera ronda, creo.


Habíamos pasado parte de la tarde, visitando una muestra de fotografía en la Real Sociedad Fotográfica a un par de calles de allí, en la de los Tres Peces. Muy gótica, muy oscura y muy BDSM, pero me había gustado y a ella también. Un fotógrafo estupendo, conseguía increíbles texturas, aunque algunas fotos dieran escalofríos.

El caso es que hay sitios a los que acabas yendo mucho, no por el sitio en sí, sino porque sales mucho por una determinada zona. Así que cuando salgo por Lavapiés, vaya con quién vaya, en algún momento, acabo pasando por este sitio. Precios buenos y te ponen tapas decentes y con cierto exotismo. El confort es verdad que no es su fuerte; esa puerta que no cierra hace que te cagues de frío en invierno y en verano el sitio es tan caluroso como lo puede ser Madrid. Eso no quita para que me guste y aunque no iría a caso hecho, si estoy por la zona, entro.


Me intrigaba la decoración mexicana que iba poco a poco adueñándose del local; las hileras de mariposas monarca de tela pegadas al techo, los viejos retratos de fiesta de difuntos y de revolucionarios mexicanos. Después de más de dos años de venir sitio, últimamente estaba reparando en todo ello; tal vez porque se habían convertido en el elemento predominante ya…

-¡Zapata vive! –Había murmurado, en otra de nuestras visitas anteriores, levantando un momento la vista de la conversación y fijándome en la foto de un jinete –una silueta solitaria recortada en un cerro, sombrero charro y fusil en ristre, quién iba a ser sino –dije, cuando me preguntó que cómo lo sabía.

Bueno, pues ese día salí de dudas. Comprendí al fin porque la decoración no se correspondía con el nombre del bar –El Quijote –cuando vi sacar algo de comer a la barra, al cocinero, socio y pareja de la dueña. Ya lo había visto otras veces, pero esta vez até cabos…


Pero me desvío, me desvío, esta entrada no va de esto, sino que va de la concha. La concha que de vez en cuando –y sin venir mucho a cuento –repetía que no quería que tocase con las manos tan frías. Como una forma inconsciente o manifiestamente consciente de decir, que se moría de ganas de que se la acariciase, las manos calientas o dispuestas a entrar en calor.

Y yo sorbía mi copa de vino y sonreía recordando la primera vez –¡No! La segunda,… que la primera no cuenta –en la que se la había acariciado.

Habíamos cenado en mi casa. No recuerdo cuál era el menú esa noche pero quedé contento del resultado, y lo que es más importante, a ella le había gustado. El postre iban a ser cerezas, pero nos fuimos al sillón de tres plazas a comérnoslas y bueno, las cerezas iban a tener que esperar, porque optamos por empezar a comernos nosotros. Me recosté a su lado, apoyado en el reposabrazos, disfrutando del tacto y el olor del cuero del sillón. Ella apoyó su cabeza en mi pecho y hablamos un poco, no llegó a tres frases y busqué su boca. Nos besamos despacio, explorándonos con la lengua. Mientras, nuestras manos, buscaban. Y nos encontrábamos; ella con una mano jugaba con el pelo de mi nuca y dejaba que la otra paseara por mi espalda; mis manos en cambio, se habían asentado ya debajo de su falda. Tras acariciar sus nalgas, hice a un lado el tanga y descubrí dos cosas que me fascinaron... lo mojada que estaba y una espesa mata de vello púbico que me hacía cosquillas en la mano. Me encantó, densa y poblada, pero perfectamente cuidada y recortada para ocupar el espacio justo. Le mordí el labio y ella me succionó la lengua hasta hacerme sangrar por el frenillo. Seguía jugando con aquel gatico, mientras dos dedos estaban ya en su húmedo interior… Ella me había bajado la cremallera y me había sacado la polla; tenía una erección tremenda…


-¿En qué piensas? –su ojos relucían burlonamente tras las gafas.

-¿Nos vamos a una tetería?

-Ajá –dijo mirándome con una sonrisita enigmática.

-Hay una subiendo, en el local de al lado, creo. A ver si así entro un poco en calor.

-Ajá –me sonrió de una forma aún más enigmática.

Pagué y salimos. Fría noche de febrero, aunque no sé si hacía más frío fuera o dentro del bar. Ya hay que rizar el rizo para que haya corriente en un culo de saco.

Se apretujó contra mí y caminamos los pocos metros que nos separaban de la tetería libanesa, que efectivamente, ocupaba el local de al lado. Estaba casi vacía; nos adentramos en la penumbra, hasta el sitio más discreto, más oscuro…


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jueves, 23 de febrero de 2012

Te sigo recordando

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Tercero y último (de momento) de los relatos de @Ehlissabetta. Salvo algún pequeño arreglito por mi parte, todo el mérito es suyo, así que ya sabéis a quién agradecérle el placer que obtengáis de su lectura. 
¿Escribirá más? ¿Se hará finalmente un blog propio? ¿Participó más de un tirador en el asesinato de Kennedy? Grandes misterios de la historia aún sin resolver.




Me despiertan las punzadas de mi pie… Deben ser los latidos de mi corazón que claman de ganas de ti… Vivo estos días tan a locas que he necesitado este corte para pararme a tomar aire y volver a sentir mi cuerpo en este reposo forzado.
Y mi cuerpo te siente, te extraña y te tiene ganas, lo sé, me lo dice mi piel erizada, mis pezones erectos, mi respiración agitada. Me lo dicen mis caderas, que se niegan a parar su contoneo, me lo dice la sonrisa vertical de unos labios que no dejan de invocarte… Mi cuerpo entero te extraña y mis manos compasivas intentan consolar esta pena que lo abre y que lo tensa.
Mis dedos te traen al rincón dónde fuiste mas mío que nunca, dónde fui mas tuya que de nadie, dónde nos amamos, dónde nos fundimos, dónde nos consumimos a besos y mordiscos.
Recuerdo tus besos, tus caricias, tus embestidas furiosas, tus susurros perversos al oído, tus marcas en mi piel, tu olor entre mis olores… Y eso me hace extrañarte y desearte más, y mis dedos se afanan entre mis piernas y mi cuerpo entero te aúlla; mis ganas aumentan.

Siento que el resorte de mi cadera va a claudicar, que mi espalda se convierte en un ser invertebrado en cada embestida de mis dedos. Pero es que me muero de hambre de ti… ¿Dónde estas que no me estas profanando ahora mismo; que no me estas convirtiendo en la princesa de tus putas?
La miel que me regalas rebosa y riega mis muslos, esos muslos que habrías limpiado con tu lengua, lo sé. Mis pezones duelen ya al roce y el aire entra frío por mi garganta que es lo que tanto necesito, porque tu deseo me ahoga y me aplasta el pecho, más que si fuese el propio peso de tu cuerpo.
Y mis dedos empapados gozan mi piel mas hinchada, más rosada y más jugosa, esa en la que podrías anclarte para toda la vida, me decías.
Y se unen mis ganas con mi gozo y mi anhelo y me retuerzo, me agito, me encojo, gimo, susurro, aúllo, me ahogo con la almohada porque me mata esto. Y siento que viene y siento que me inunda y mis dedos asumen con mas ahínco el traerte hasta mi… y al fin la descarga y el todo y la nada…

Te sigo recordando, mis fluidos resbalan por mi sexo torturado, de mis muslos ya relajados, mis dedos empapados y te sigo recordando… Mi respiración se calma, mis pezones se acurrucan adormecidos y me relamo con cada uno de mis deditos pensando en ti… porque te sigo recordando.


lunes, 6 de febrero de 2012

Sobresueños

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-No podés hacer que me corra así… –dijo con la respiración aún entrecortada.
Se esforzaba por recuperar del todo el resuello entre mis brazos –justo donde acababa de dejárselo. Estaba preciosa, radiante, con el flequillo cayéndole alborotado sobre los ojos. Me besó entornándolos un poquito; sin perder esa enigmática sonrisa, que era tan suya en momentos como éste.
Me reí.
-La verdad, que tú te corras y no nos hayamos bajado siquiera los pantalones, no sucede todos los días, no –Yo sonreía con esa mezcla, supongo, del vano orgullo del artesano, ante el trabajo bien hecho, y de alegría y plenitud compartida por empatía.

Bueno, por empatía, y por el calor de su aliento en mi cuello y el gemido, largo, húmedo y nacido de muy hondo, con el que había estallado; la cabeza entre la mía y mi hombro izquierdo; mientras hundía sus dedos en mi espalda, tras un “Me voy a correr”, seguido de mi “¿Ya?”.


-Me tocás muy bien –me decía después, mientras nos devorábamos a besos, desnudos en su balcón soleado por la media tarde.
-Es que…es que eres muy tocable, amor.
Se rió. Natural.
-Nunca me lo habían dicho…
-Pues es la verdad, ahora ya lo sabes –dije, apartándole por enésima vez, un mechón rebelde que había vuelto a caerle sobre los ojos, y volviéndola a besar.
En honor a la verdad, yo había recogidos los boxers del suelo y me los había vuelto a poner. Será cosas de que aún me queda algo de pudor, cosa que a ella no. Le había “regañado” incluso un poco, cuando se salió a tomar el sol, mientras se cardaba el cabello con los dedos, nada más bajarse de mi polla – ¡Pero niña, que esto no es un pueblo, que te van a ver! –Estamos hablándo de un balcón en un segundo piso, que da a una de las calles estrechas que desembocan en la Gran Vía, altura ya de la Plaza de España.
-Que va –decía apoyada en la baranda de fundición, meciéndose con la caricia del sol –si nadie mira para arriba.
La verdad que tenía razón. En un pueblo habría habido más posibilidades de que la vieran. En Madrid la gente va a sus cosas, no va mirando hacia arriba. Así que me quité la goma, me puse los calzoncillos y la uní.
Me estaba entonando de nuevo. La lycra del bóxer se iba abultando más y más. Hubiésemos dado un espectáculo gratuito a los incautos transeúntes y a los trabajadores de la obra del patio del museo de enfrente. Pero ella que me vio las intenciones lo cortó.
-Venga, ya –dijo, apartándome un poco de ella, para alcanzar la puerta –que nos tenemos que ir. ¿Me acompañás hasta donde doy mi clase?
-Por supuesto –respondí, dándole un manotazo en una nalga a modo de venganza…


Mientras tomábamos un yogurt y algo de fruta, que habíamos comprado camino a su casa desde la oficina, estuvimos trabajando en “Sobresueños” un texto que estábamos escribiendo juntos. La cosa estaba casi hecha, no nos tomó más de una hora finiquitarlo. La verdad que si por el texto fuera, tampoco hacía falta que nos hubiésemos reunido en persona. Con lo avanzado que estaba, chateando lo podíamos haber resuelto.
No, no estábamos a eso, realmente no. Así que en cuanto lo envió, cerró la tapa del ordenador portátil, que dejó tirado en una mesita baja, al lado del sofá en el que estábamos sentados. Ese día, se sentó directamente en mis piernas y pasó sus brazos alrededor de mis hombros, mientras los míos la sujetaban por el talle. Tiro sus zapatillas al suelo, para no manchar la tapicería, cuando apoyó los pies en el asiento.
Seguimos hablando como si tal cosa; hacía una tarde preciosa, que se colaba a raudales por las puertas abiertas de par en par del balcón. Seguimos hablando como si tal cosa, pero yo había abandonado ya mi habitual tono bromista y había ahuecado la voz, para hacerla más cálida y ella me miraba encantada con los ojillos entornados. Seguimos hablando como si tal cosa, pero cada vez más cerca; hasta que yo la besé. Entonces ya no nos hizo falta hablar mucho más…
Con los ojos cerrados; a tumba abierta; se había levantado la veda a las ganas de sentirse. Así que sin dejar de devorarnos, mientras mi brazo izquierdo remontaba por su espalda y el derecho deslizaba por su costado, hasta agarrarle el culo, una de sus manos iniciaba el viaje desde mis hombros, hasta ensortijarse en mis cabellos, mientras el otro se aprisionaba entre el mullido respaldo del sofá y mi espalda.
Accedíamos a que nuestras bocas se separaran tan solo algunos instantes, para tomar un poco de aire y mirarnos, hasta que el aire entre nosotros quemara tanto, que la única solución fuera enfriarlo en saliva.
En esa postura se le ahuecaba el pantalón y colé la mano. La acaricié suavemente por encima del tanga, hasta llegar a una zona en la que estaba húmedo.
No me quedó más remedio que retirar la mano un instante, para permitirle que se desabotonara el vaquero. Ya entraba la luz, de modo que pude susurrar un “Qué bonito”, cuando vi que era de cebra, con el borde púrpura o magenta. Esta vez, cuando volví a meter la mano, deslizó directamente debajo del tanga. Sentí el agradable cosquilleo de su vello púbico en la palma, mientras los dedos se distribuían para ocupar su sitio: índice y anular, cada uno sobre uno de los labios y el corazón, en el centro, en la rajita, con la primera falange sobre el clítoris y el resto del dedo perdiéndose entre los pliegues… Estaba mojadísima, fue lo primero que pensé. Es cierto que siempre la había encontrado muy húmeda, pero ese día me sorprendió. Allí había fricción cero; los dedos parecía que se movían solos.
Mientras, la intensidad de nuestros besos no había hecho sino aumentar, conforme nos íbamos calentando más y más. Ella se había abandonado completamente y era yo el que la sostenía ya, con el brazo izquierdo. Abrió la boca y le dio patente de corso a mi lengua para que hiciese que lo que quisiera. Tenía la sensación de estar como nunca dentro de su boca.
La otra mano tampoco es que hubiese permanecido inactiva. Asaltando su pantalón por atrás, había empezado acariciando sus nalgas y luego mis dedos habían estado fantaseando con la idea de forzar la entrada de su culito.
Devastado de calentura por la intensidad de nuestros besos, sin que los tres dedos que jugaban con sus coño dejaran de hacerlo, desde atrás, pasando entre sus piernas, dos dedos de la otra mano entraron en su vagina…
Y entonces, así, de golpe, llegó el orgasmo…


-Ahora me toca a mí –dijo poniéndose de rodillas entre mis piernas.

Ella misma abrió la hebilla del cinturón y me desabotonó los vaqueros. Solo tuve que levantar un poco el culo del asiento para dejar paso a los pantalones que incrustó en mis botas, boxers incluido…
-Bien parada, como a mí me gusta –decía mientras la agarraba por base, haciendo que se bajase la piel, descubriendo el glande hinchado, rojo y muy húmedo. Yo me mordía el labio mientras la veía jugar y coquetear con mi polla.
-¿Me cabrá entera? –preguntó como para sí misma. “Sabes que sí”, podría haberle respondido, pero en lugar de eso la invité a probar a ver…
No lo logró a la primera; le faltaría como un cuarto de polla. En el segundo intento, con la verga ya lubricada por la saliva derramada en el primero, llegó hasta los huevos.
Suspiré muy hondo, con mi polla hundida profundamente en su garganta, entonces dio comienzo la mejor mamada que me han hecho en mi vida…pero ésa, es otra historia…





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